Los 4 segundos molares
Hablar de esta unidad como una enseñanza para interpretar dientes sería un despropósito, ya que fue una de las que más me tocó el alma, como una flecha dorada al centro mismo del corazón.
Gracias a todas las experiencias compartidas y a las profundas y sentidas reflexiones de Christian, que se brinda por completo con mensajes en los que ni una palabra está de más, y todas son conscientemente pronunciadas, pude observar al desnudo el mayor conflicto que atraviesa mi ego, como uno de los obstáculos para alcanzar mi autenticidad del Ser.
Y esa palabra, AUTENTICIDAD, junto con INDIVIDUALIZACIÓN e INDIVIDUACIÓN (tomada prestada de Carl Jung), son las protagonistas en esta etapa que inicia con la erupción en boca del diente 7 (segundo molar definitivo) a la edad de 12 años, como impulso del alma, justamente cuando es nuestro ego quien empieza a dirigirlo todo.
Esta etapa, y su correspondiente en el siguiente ciclo del espíritu, nos invita a desidentificarnos con nuestro cuerpo biológico, la casa sagrada del alma, y buscarnos dentro, dejándonos fundir en esa luz, el amor, que la habita.
Nos llama a desarmar la falsa identidad que hasta el momento construyeron de nosotros nuestros padres, profesores, jefes, amigos, familiares, la sociedad y, al final, nosotros mismos. Y una vez cuestionada y analizada, observar todos los disfraces, máscaras, velos que cayeron, las confusiones y las erradas interpretaciones, las desviaciones de nuestra esencia, por ignorancia aprendida y transmitida como verdad. Sólo así, luego de pasar por este doloroso proceso, y con el permiso y el derecho de expresar las emociones reprimidas que puedan surgir, y de tomar la distancia que necesitemos tomar, será fácil y natural la GRATITUD a cada etapa, cada ser humano y cada experiencia de nuestra vida por dolorosa que haya sido, al verla ya como un eslabón de enseñanzas justas y necesarias que el alma necesitaba para llevar a cabo una evolución como parte de un plan muy lejano a nuestro entendimiento. Y si bien pude comprender vagamente esto que escribo, sé que es sólo el inicio de un largo camino que tiene como objetivo vivir al compás de la música de nuestra voz interior.
El ritmo, las notas y las escalas de este camino que nos toca, dentro de la inmensa partitura divina, los decidimos nosotros sin darnos cuenta, pero no es eso lo que importa, sino escuchar al fin la música. Por eso mi reflexión final es intentar que esas decisiones de las que hablé, acerca de lo que queremos vivir (metafóricamente el ritmo y la escala musical) las tomemos con más consciencia y con la pista musical en los oídos.
No conozco otra manera de hacer esto que con meditación diaria, a mi manera y como puedo, pero con disciplina. Entiendo que sanar no es sólo entender, ni tampoco solamente tomar decisiones. Sanamos cuando actuamos en el mundo en base a decisiones conscientes guiadas por la música de nuestro corazón.
Ahora sí, desde el punto de vista de la PNO, podemos agregar que esta muela nos habla de conflictos relativos a nuestra unicidad dentro del grupo, a los proyectos que empiezan a asomar y a una nueva y propia forma de pensar y sentir acerca de nuestra identidad.
