Crónica de un resurgimiento anunciado
Con la relativa ecuanimidad que confiere el tiempo y el aprendizaje surgido de la experiencia, me propongo relatar algunas facetas del cambio que he vivido estos últimos 2 o 3 años.
Puedo recordar las señales durante la transición, de que mis semillas interiores empezaban a romper su cubierta para germinar más tarde. Señales contundentemente claras de que el estilo de vida que hasta ese momento mantenía, necesitaba una radical transformación. Fue maravilloso notar que estaba observando las situaciones que ya no necesitaba en mi vida, las que elegía no continuar experimentando, sin que por ello se me crispara un solo nervio. Era como ver una película vieja con escenas que yo misma como directora estaba evaluando y seleccionando para una nueva puesta en escena, un relanzamiento actualizado. Digo más, sentía casi la certeza de que pronto llegaría la acción y me tocaría por fin ser la actriz principal. No sin cierto vértigo y algo de ansiedad, me estaba preparando para cambiar mi vida.
A nivel profesional hacia tiempo que la tendencia esteticista y ultramoderna de la Odontología a pedido del ego del paciente, en el contexto de la medicina como bien comercial (modelo médico hegemónico) había atentado contra mi vocación de servicio y mi pasión por las áreas de la salud. Era el desenlace de años de remar contra la corriente: el agotamiento inevitable al que le sigue el deseo de dejarlo todo. Luchar por una sociedad en la que los trabajadores de la salud puedan gozar de una calidad de vida y condiciones laborales dignas, por una caja provisional que no nos suma en la pobreza, una cultura en que se reconozca a la salud como bien primario y por tanto se dimensione el trabajo que los agentes de salud realizamos a diario para contribuir a ella, en la que la ciencia se aplique para el bien de toda la comunidad y los valores de estética artificial no arrasen con la belleza natural de nuestro cuerpo y dentro de él, de las piezas dentarias. Estoy segura que no fui la única disconforme, no estaba sola, pero no es posible un cambio real si no se acompaña masivamente desde la sociedad.
La PNO ya había ingresado a mi vida, y ese hecho contribuyó a que pudiera notar tan inequívocamente que la Odontología que soñé, estudié y ejercí un tiempo, ya no podía competir, ni mucho menos ser parte, de ese modelo. A este punto surgen las clásicas preguntas que nos hacemos cuando algo está por terminar: qué viene después? Podré vivir haciendo otra cosa? Cómo encarar ese cambio?
Me complace contarles que detrás de la adrenalina de lo nuevo, del miedo a la incertidumbre, se puede escuchar de fondo, si prestamos atención, la música del alma que nos canta al oído diciendo: no importan ahora las respuestas, lo que importa es estar seguro/a de que esto no va más y dar el primer paso hacia el cambio, con confianza. “Salta y el suelo aparecerá”, dice un antiguo proverbio narvajo. Gracias a Dios, el Universo, la vida y todos los ángeles (que vendría a ser más o menos lo mismo), mi vieja sabiduría álmica me llevó a vivir experiencias de sincronismo mágico que me brindaron un aterrizaje tranquilo y seguro.
Apareció de improviso un comprador para todo mi equipamiento usado con lo que logré solventar los costos de una formación inestimable por su valor en muchos niveles del entendimiento durante la crisis profunda en la Argentina del 2024, la misma colega (la más buena que existe, GRACIAS Naty!!) que publicó mi equipo me ofreció un espacio en un consultorio armado justo en la zona de la ciudad que tenía en mente, mi emprendimiento artesanal me ayudó a mantener la mente positiva y creativa mientras mis incipientes ingresos de “dentista nueva en la zona” tardaban en crecer, los antiguos pacientes me seguían y me recomendaban, surgieron nuevos contratos, y finalmente mi psiquis alborotada y confundida le encontró sentido a tanto caos y sintió al fin una calma tan grande como no había siquiera soñado. El objetivo siempre fue claro: ejercer una Odontología acorde a mis valores y necesidades, o no ejercerla.
Lo que pensé que sería una transición a una nueva actividad, terminó siendo la renovación de mi profesión gracias al apoyo incondicional del equipo de la PNO, Christian junto al maestro del sidda yoga y mis querido/as colegas del posgrado, las brujas y hechiceros de este siglo. Mi tribu. Les estaré eternamente agradecida. Hoy realizo muy pocas horas de clínica semanal, si bien el trabajo de un odontólogo no se limita ni mucho menos a las horas de sillón, y vivo sencilla pero dignamente con renovada pasión y la motivación de practicar la PNO y el sidda yoga en todas las áreas de mi vida, incluyendo el consultorio.
Salir (o evitar entrar) de la rueda de la rata (ver Padre rico, Padre pobre, de Robert Kiyosaki), valorizar el tiempo por sobre el dinero, reducir horas de atención clínica y elegir con el corazón el tipo de prestaciones que acepto realizar, renunciando a otras, brindar con auténtico amor un servicio de calidad a cada ser humano, más allá de su mayor o menor retribución económica y obra social, admnistrar con raciocinio los ingresos, los gastos y las inversiones, entregarme como prioridad a lo que me hace feliz y a mi verdadero deber. Esa podría ser mi receta personal, la comparto por si a alguien puede servirle.
